Foto: Google

Con mucha curiosidad, siempre he analizado a esas parejas que recurren a sentarse en los “banquitos” de la mayoría de las transitadas plazas a intercambiar fluidos delante de la gente que tanto viene y va

Nunca me había dispuesto a escribir sobre ello hasta hoy. Caminaba por la conocida plaza Brión de Chacaíto, ubicada en Caracas, y vi a más de tres parejas en sus respectivos bancos; esos que utilizan para calentarse unos a otros sin tener que pagar un hotel.

Lo curioso es la cantidad de niños que jugaban alrededor de las parejas que disfrutaban del romántico y apasionado momento, al lado de los mendigos y vendedores informales, mientras que algún predicador “de la palabra del Señor” gritaba a los cuatro vientos cuál es “el camino de la salvación”.

Esas nuevas y extrañas maneras de cortejar y disfrutar del otro en público me parecen hasta interesantes; no para llevarlas a la práctica, no. No me veo llamando la atención de esa forma; pero si resulta hasta gracioso ver cómo hay tantos que alimentan el qué decir de las señoras mayores que los miran con asombro y desprecio.

Pero… ¿cuál es el verdadero sentido de tal acción? ¿Será realmente el dinero el factor que interviene y obliga a estas personas a compartir sus lenguas delante de cientos de transeúntes? ¿A dónde fue a parar la privacidad?

Cada día me sorprende más lo deformada que está la sociedad y qué tan desapercibidas suceden estas cosas. Mientras tanto, seguiremos caminando y viendo ese teatro erótico y público que instalan de manera gratuita frente a los más jóvenes de la ciudad.

Samuel Morales Escuela

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